Camino de la Costa Atlántica

A lo largo de grandes extensiones de arena se suceden los balnearios y las áreas destinadas para la práctica de deportes náuticos y de viento. Hoteles, hosterías, departamentos, casas de alquiler y campings, seducen a los turistas que se acercan al Cóndor, con importantes obras de infraestructura, como su amplísima costanera asfaltada, el casino, restaurantes, confiterías, pubs y variedad de comercios al servicio del turista, suman comodidad a los encantos naturales de la costa atlántica.

La ruta de los acantilados, también conocida como “Camino de la Costa”, consiste en un recorrido por la Ruta Provincial Nº 1, a través de los 210 km que bordean el litoral rionegrino y conectan la Capital provincial con el Puerto de San Antonio Este. Durante el trayecto, la naturaleza brinda diferentes escenarios naturales para disfrutar de su belleza y tranquilidad.

Al transitar los primeros 30 km desde Viedma, el río Negro se funde con el mar y da lugar al Balneario El Cóndor, una villa balnearia con infraestructura turística, que se convierte en el principal centro de servicios del recorrido.

Luego de recorrer 30km se accede a la playa de La Lobería, un balneario verdaderamente original por los piletones naturales socavados por el mar que se descubren durante la bajamar. En verano cuenta con servicio de guardavidas, camping, restaurante, baños públicos, kiosco, estacionamiento. Para acceder a la playa, se cuenta con una escalinata o un cablecarril (carrito)

Tres kilómetros más adelante, llegará a la Reserva Faunística Provincial de Punta Bermeja, donde el centro de interpretación y los miradores permiten contemplar la mayor colonia de lobos marinos de un pelo de Sudamérica, toninas overas, orcas, delfines y, ocasionalmente, ballenas francas.

Continuando el recorrido surgen Bahía Rosas y Bajada Echandi y con ellas la posibilidad para realizar pesca de tiburón desde la costa, gracias a sus aguas profundas, arena limpia y médanos.

Siguiendo hacia el este llegará a Bahía Creek, una playa amplia entre dunas y acantilados, un indescriptible lugar para los bañistas. Esta zona cuenta con una pequeña villa de muy pocas casas y un club de pescadores, que da la sensación de haber llegado a un oasis después de recorrer casi 90 km de ripio y sin vegetación alta. Es importante destacar que, según investigaciones, habrían restos de un submarino enterrado en la fina arena, tras un desembarco nazi luego de la Segunda Guerra Mundial.

Unos kilómetros adelante el camino vuelve al nivel del mar con un conjunto de grandes médanos y dunas que lo conducirán hasta Caleta de los Loros, una Reserva Natural Provincial de usos múltiples, que en bajamar se convierte en un espejo de agua y deja visible un ecosistema de flora y fauna, que se lo puede recorrer cuidadosamente con el asesoramiento del guardafauna.

Finalmente se llega a Punta Mejillón, una playa de arenas finas y aguas cristalinas, que lleva este nombre por la abundancia de este molusco. Esta zona es conocida popularmente como “Pozo Salado”.

Próximos a culminar el recorrido, se accede la zona de conchillas, donde hay kilómetros de playas blancas, con agua cálida y transparente. Por último, San Antonio Este, puerto natural de aguas profundas desde el que se exporta la producción agrícola-ganadera de la zona.

Durante la travesía, es posible observar especies de la fauna patagónica, como choiques (ñandúes patagónicos), guanacos, martinetas, perdices y maras (liebres patagónicas), entre otras.

Acantilados.

El Cóndor

A lo largo de sus costas, la meseta culmina en mar y aparecen los primeros acantilados que caracterizan el litoral Patagónico. Esta […]